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Quito, Pichincha, Ecuador
I´m baptist missionary by faith with PMM Inc.,USA I'm married and with my wife Anita have four marvelous daughters. Our principal ministry is theological education. My passion is write, preach & teach about my Lord Jesus, around my country Ecuador, and Latin America. Dr. Joselito Orellana. DMin. PhD. Born in Ecuador, in Piñas City, province of El Oro Living in Quito, since 1985. Baptist Pastor's 18 years old. It missionary for Latin America Palm Missionary Ministries Inc, USA. It is involved in the ministries of higher theological teaching, pastoral training, church ministry, family counseling, literature, and educational administration. Doctor of Ministry (DMin.) and Doctor of Theology (PhD) awarded by Vision International University, USA. UU. A.

Tuesday, July 25, 2017

Santidad...!

Santidad...!
Por, Dr. J. Joaquín Orellana, PhD.
Palm Missionary Ministries, Inc - USA.
Todos los derechos reservados.

Cuando hablamos de pecado, debemos ponderar también la santidad de la cual habla la Biblia. Pero qué significa ser santo?; podemos ser santos?; es lo mismo la santidad de Dios que la nuestra?; existe un solo tipo de santidad?

Santo no significa "sin pecado", en realidad aplicado al ser humano y cosas terrenas, significa, algo o alguien que ha sido apartado, reservado, consagrado, dedicado a un propósito específico y piadoso. Podemos ser santos, y debemos ser santos. De hecho la Biblia dice que los creyentes hemos sido santificados y hemos sido llamados "a ser santos"(Cf., 1 Co. 1:1-3)

La santidad de Dios es distinta a la nuestra. Solo dos veces la Biblia menciona el "sacrosanto" carácter de Dios: En Is. 6, y Ap 4, se encuentra básicamente el mismo cuadro glorioso de serafines que proclaman que Dios es "santo, santo, santo" esto es, sacrosanto. Santo en hebreo., es qadosh y en griego, es hágios. Solo Dios es perfectamente santo, completamente separado del pecado y de toda maldad. Él no tienta a nadie, nada malo puede provenir de Dios. Él no tolera el pecado en su presencia, en ninguna manera. Él es perfecta, absoluta y eternamente santo. Pero los creyentes, sólo somos "santos", es decir, seguimos siendo pecadores, aunque desafiados a "apartarnos" de la maldad cada día, de la mundanalidad, del demonismo; aún de la propia maldad que habita en nuestras almas (mente, voluntad y emociones)

Hay tres tipos de santidad, analogadas a los diversos tiempos de nuestra salvación. Nuestro problema espiritual fundamental es con el pecado: con la pena que nos impone (condenación); con el poder que se impone a nuestra voluntad; y, con su presencia en nuestra vida, en definitiva. La santidad al igual que la salvación es tridimensional en la Biblia, así tenemos:

Santidad Legal. También llamada posicional. Tiene que ver con la obra del Señor Jesucristo en la cruz del calvario. En el pasado Dios nos salvó en Cristo de la pena (condenación de muerte eterna) del pecado. Cristo en la cruz del calvario nos imputó su justicia, nos declaró justos. No nos hizo justos, porque seguimos pecando, pero si nos declaró justos delante de Dios el Padre. Allí en la cruz se produjo el gran intercambio, pues Jesús tomó nuestra maldición para darnos su bendición; tomó nuestra desnudez, para darnos su vestido de justicia; tomo nuestra corona de espinas, para darnos una corona de justicia; tomó nuestra cruz, para darnos un trono, etc.

Santidad Moral. También llamada ética. Tiene que ver con el proceso dinámico de someternos al control y gobierno del Santo Espíritu de Dios, para de ese modo, derrotar el poder del pecado sobre nosotros. El pecado mora aún en nosotros los creyentes, pero no reina en nosotros. Tenemos la capacidad de permitir la obra sobrenatural del Espíritu de Dios para gobernar y subyugar nuestras debilidades, al tiempo de producir el fruto del Espíritu que es: amor, gozo, paciencia, benignidad, bondad fe, mansedumbre y templanza (Cf., Gá. 5:22). La santidad tiene dos aspectos éticos y funcionales básicos: mientras nos alejamos paulatinamente del pecado, al mismo tiempo nos acercamos a Dios en obediencia, servicio y consagración.

Santidad Escatológica. También llamada final. En el pasado, Dios nos salvó en Cristo de la pena del pecado, y nos santificó para él de una sola vez para siempre, pero no nos libró del poder ni de la presencia del pecado. En el presente, Dios por medio de su bendito Espíritu nos libra del poder del pecado de modo que no presentemos nuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad. Pero al fin del día, seguimos siendo pecadores, y no podemos dejar de serlo, porque como ya expliqué en el artículo anterior, pecamos porque somos pecadores, no somos pecadores porque pecamos. Al final de la historia Dios nos librará -santificará, apartará- completa y eternamente de la presencia del pecado. Eso lo podemos ver en el glorioso pasaje de Ap. 21:1-7, en el que Juan registra que Dios mismo enjugará toda lágrima de nuestros ojos, y ya no habrá más muerte, ni dolor, ni siquiera conciencia y recuerdo del pecado. Aleluya...! Si el final es glorioso, vale la pena vivir buscando la llenura del Espíritu Santo de Dios, para no satisfacer los deseos de la carne, del mundo, ni del demonio.
1 de Juan 2:15-17 (NVI), dice:
No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida— proviene del Padre, sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
www.joselitoorellana.blogspot.com 

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